La adaptación a la nueva estructura familiar no esta resultando tan fácil como imaginé (ilusa de mí). Mis niñas están sincronizadas para llorar, para ensuciar sus pañales (ya os comenté sobre este aspecto), para pedir bracitos...
A esto hay que unir la lucha por subsistir, es decir, lavadoras, limpieza mínima de la choza, higiene personal y alimento. Con todo este panorama la benjamina de la familia vive prácticamente en la bandolera de su madre.
Pues bien, el otro día con unas amigas, una de ellas se fija en que la niña tiene “cositas blanquitas” en la cabeza y dice: “mira, que mona!, tiene costra láctea en la cabeza. Les sale a todos los niños que toman el pecho”. Yo miré hacia mi niña y pude diferenciar miguitas del pan que un rato antes había comido mientras ella dormía placidamente en la bandolera… Qué momentazo!! A lo que yo contesté: “SI, SÍ… ESTÁ PARA COMERSELA!!!”
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XD jajaja pobre mami. Un pedestal deberías tener!!!
ResponderEliminarMigas... xD
Como he recibido varias preguntas en mi trabajo sobre el espeluznante relato de mami como nota aclaratoria a aquellos que no sepáis:
ResponderEliminarLa bandolera a la que se refiere mami es esto y no esto como algunos compañeros creían muahahahhaha
jajajajajajaja que grande!!!
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