Empiezan las molestias

Aproximadamente al mes y medio de embarazo nos levantamos los dos de la piltra y nos predisponemos a ir contentos a nuestra esclavitud diaria llamada oficina cuando el desayuno se interrumpe abruptamente en forma de ciclón latinoamericano, el vaso de colacao se derrama y cuchillo, mantequilla y tostadas (boca abajo por supuesto) se caen al suelo en una convulsión rápida de mami, que se levanta a una velocidad digna de ser estudiada en un laboratorio de física, corre hacia el baño (gracias a dios vivíamos en una cajita de cerillas) y hace regresar al mar todo el desayuno hasta entonces aprovechado.

Con cara de asombro le persigo hasta el baño a escasos nano segundos espacio temporales y cuando llego a la mitad de su ejercicio expulsivo le sujeto la frente para que no se escuerne en la pila del lavabo.

Una vez acabado el momento special mattine mami levanta la mirada y solo con verme la cara sabía exactamente lo que pensaba. Inmediatamente me dijo "no es por el embarazo, es que me ha sentado mal el colacao, creo que la leche estaba mal", sonreí al escucharlo.

A partir de ese momento y prácticamente hasta el último día de embarazo sus vómitos matutinos fueron nuestro "agradable" rito diario, vamos, lo que viene siendo "pampezar con ganas el día".

El momento cumbre de estas nauseas fueron en la estación de trenes a eso de las 7:30 de la mañana cuando mientras potaba el desayuno en una papelera estando en hora punta rodeados de gente por todos lados y yo sujetándole la cabeza "as always" y de repente un simpático transeúnte muy majete exclamó: "que malo es el alcohol!".

La verdad es que el hombre tuvo mucha suerte de que yo estaba sujetándole la cabeza a mami y no pude comerme sus higadillos pero su autentica y verdadera suerte fue que mami estaba ocupadita vomitando sus ricas tostadas, cosa que le libró de que mami le arrancase la piel a tiras y le empanase con sal y pimienta después.

That's the way of love.

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